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“Me encanta actuar y bailar”, dice Sassy Billie, recordando sus mejores años como stripper. “Recuerdo que era una de las mejores bailarinas de “table dance” en Inglaterra, con rutinas y acrobacias que me mantenían en buena forma. Siempre me encantó mi trabajo por el lado creativo que proponía y las amistades que cultivaba”, dijo Sassy Billie, integrante del grupo de campaña Eastbourne Stripper Collective (ELSC).

Billie, que tiene más de 30 años, fue bailarina de tiempo completo en clubes de striptease por más de 10 años en Inglaterra. Fue un trabajo que la vio viajar a Japón, Australia y Nueva York, así como trabajar en clubes de Londres. Ahora dirige el sitio web London Lap Dancer y hace campañas con ELSC.

Sassy Billie es consciente del estereotipo que ha dejado en su vida ser stripper. “Soy una chica blanca de clase media que fue a la universidad y pasó la mayor parte de sus 20 años en relaciones estables. Nunca he estado en rehabilitación, ni he tenido un curso de terapia, ni agujas pegadas en el brazo o dado mi dinero a un proxeneta.”

“He tenido un montón de trabajos diferentes en la ciudad, incluso alguna vez fui modista, pero el baile exótico siempre fue mi pasión y el único trabajo en el que siempre podía confiar para volver a levantarme”.

Pero ella y otras bailarinas dicen que los cambios en la ley de su país han matado a la industria de los “table dance”. Hoy la vida se ha vuelto más difícil para ganar un salario, sobre todo para las mujeres quienes son las más afectadas por la precariedad laboral y la austeridad.

Los problemas se remontan a la Ley de Licencias de 2004, que se introdujo para impulsar la economía nocturna. Esto permitió a los clubes de striptease abrir con licencias similares a pubs, cafés y bares. Los “table dance” que quedaban ocultos en pueblos, callejones y suburbios, aparecieron en las calles principales de la ciudad.

“El paso de la ley y el circo mediático a su alrededor ha servido para re-estigmatizar masivamente nuestro trabajo”, argumenta Billie. “Nuestro trabajo ha cambiado de actor a bufón. Hacemos menos trabajo emocional y menos emotivo, menos baile real y más adulación hacia nuestros clientes.

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