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Perversión sexual en la Antigua Roma

Perversión sexual en la Antigua Roma

Perversión sexual en la Antigua Roma

Todo lo que se hacía en el Imperio romano era excesivo: la comida, los festejos, la decoración, la arquitectura, la esclavitud, el poder y, por supuesto, el sexo.

La clase alta del Imperio Romano comía con desmesura, pero también, y sobre todo, fornicaba en exceso. En películas como “Calígula” y series como “Roma” y “Spartacus” se muestran escenas de sexo como se suponía existirían en la Antigua Roma. Aunque según los historiadores, dichas escenas se quedan cortas ante la realidad de los hechos.

Los escritores Suetonio, Plinio el Viejo y Dion Casio relatan en sus escritos las perversiones sexuales que los emperadores llegaban a tener con sus concubinas y esclavas, prácticas sexuales enfermizas y retorcidas que llevaron a cabo durante sus gobiernos.

Según esos documentos, los gustos sexuales del Emperador Claudio llegaron al incesto al casarse con Agripina, hija de su hermano Julio César Germánico, pero Tiberio superó por mucho al Emperador Claudio. Durante su retiro en Capri contrataba a jóvenes de ambos sexos a los que nombraba “expertos en coitos desviados” y les obligaba a copular en filas de tres mientras él observaba.

Nerón, además de pervertido era creativo. Cansado de mancillar todas las partes de su cuerpo, se colocaba una piel de animal salvaje para luego lanzarse sobre las partes nobles de hombres y mujeres atados a un poste. Una vez satisfechos sus deseos, se disfrazaba de mujer para complacer a su liberto Doriforo. Nerón también tuvo la idea de amenizar sus viajes por el río Tíber con una legión de prostitutas. Incluso su propia madre le instruía en los placeres sexuales pues temía que otras accederían al poder en lugar de ella, pero Nerón acabó ordenando la muerte de su progenitora.

Calígula, por su parte, practicaba el incesto con todas sus hermanas y las hacía sentarse a su lado durante la comida. Su favorita era Drusila, con quien habían mantenido su primera relación siendo niños y, ya de mayores, se la arrebató a su marido para seguir disfrutándola.

Tiberio cogía con decenas de adolescentes, pero se sabe también que tenía sexo con niños y niñas a quienes llamaba pececillos, porque los obligaba a lamer sus genitales.

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