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La lujuria es el apetito desordenado hacia los placeres carnales

La lujuria es el apetito desordenado hacia los placeres carnales

La lujuria es el apetito desordenado hacia los placeres carnales

La lujuria, palabra derivada del latín “luxuria”, define el apetito y el deseo desordenado e ilimitado por los placeres carnales. Se asocia al deseo sexual incontrolado, en exceso y en demasía. La lujuria se vincula a la lascivia, que es la imposibilidad de controlar la libido.

Muchas religiones condenan a la lujuria por su exceso sexual. Pero aceptemos que es una reacción humana normal y una conducta castigada erróneamente por los moralistas.

La lujuria y el amor puro, aunque contrarios, poseen la misma intensidad y suceden en las mismas zonas cerebrales que tienen que ver con las emociones y las gratificaciones. Son áreas que guardan relación con las pasiones intensas. “Un amor sin pasión es brasa consumida y una oscura noche sin estrellas”. Ambas, la lujuria y el amor puro, se conectan con la profunda área límbica, que tiene que ver con el ímpetu y la estimulación para lograr el placer máximo, la euforia y el éxtasis.

La lujuria es más que pasión y desenfreno, es un regalo para la salud, ya que cuando se ama con desenfreno, el cerebro enciende nueve territorios neuronales que estimulan las defensas inmunológicas del cuerpo, protege el corazón, refuerza los músculos, nos regocija, mejora el semblante y nos relaja.

Decía Octavio Paz: “El amor comienza en el cuerpo ¿dónde termina? Si es fantasma, encarna en un cuerpo; si es solo cuerpo, al tocarlo se disipa”. Y si el poeta lo afirma de manera desprendida y franca, no queda más que desear felices y sanas noches de lujuria para todos y para todas.

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