La música y el sexo estimulan la misma zona del cerebro
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Febrero 9, 2017
Sex shops
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¿Qué interés tiene la sociedad en contener el sexo?

¿Qué interés tiene la sociedad en contener el sexo?

¿Qué interés tiene la sociedad en contener el sexo?

Dice el común de las personas que “por su naturaleza el sexo pertenece al campo de la vida privada, es por ello que ninguna sociedad carece de un ordenamiento de la vida sexual”.

Pero la vida sexual no es un hecho puramente fisiológico que sólo interesa a sus actores, sino es algo susceptible que afecta a la sociedad quien impone una sola forma de unión sexual reconocida, con aceptación de aquellas otras que se consideran un tránsito necesario, donde las reglas sexuales están en función del parentesco, los ciclos femeninos, la edad, el matrimonio, la privacidad, la idea de respeto y la maternidad.

Al prohibir el incesto la sociedad impone reglas de conducta y crea uno de los pilares de la sociedad, pues ordenar es limitar y en algunos aspectos la infracción conlleva una sanción social; en otros, una conciencia generalizada que culmina en culpa, vergüenza o el temor a un castigo del más allá. Estas consecuencias son desde siempre universales para la sociedad.

A partir de la pérdida del período de celo en la hembra humana y a diferencia de los demás mamíferos, hombres y mujeres pueden hacer el amor en cualquier momento, a lo largo de todo el año. Sin embargo, el amor de pareja es una pasión egoísta y el deseo sexual aísla a los individuos más de lo que los asocia.

Separada de la reproducción de la especie, la sexualidad humana puede revestir todos los sentidos posibles, así al llegar a la pubertad y cumplido el rito de la iniciación de las niñas, éstas son libres de actuar como deseen. Sin embargo, se agrega la eficaz advertencia de las madres sobre la inconveniencia de un embarazo antes de que el cuerpo esté preparado. A medida que maduran, los adolescentes actúan con mayor libertad, pero deben tener discreción.

La necesidad de establecer reglas referidas al sexo ha hecho nacer creencias y tabúes. Esas creencias, de naturaleza irracional, tienen una funcionalidad discernible: sostener las reglas establecidas, que por su naturaleza son imposibles de imponer. Su finalidad es mantener la paz social y cuidar de la continuidad del grupo: la fecundidad, la natalidad sin trabas y la crianza y el bienestar de los niños.

Es interesante observar que, en público, los hombres cuidan de no fijar la mirada en las mujeres. Entre marido y mujer apenas se da un espontáneo contacto. Y donde los lazos sociales son más estrechos, la exhibición del deseo, en el que se reconoce una fuerza explosiva, está contenida, por una grave infracción a las reglas.

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